jueves, 17 de octubre de 2013

LLAORS DEL MOLT VENERABLE I EN SANTEDAT INTEGRE SACERDOT MOSEN FRANCES GERONI SIMÓ.



El 24 de abril de 1612 recorrió Valencia el rumor del fallecimiento de un hombre santo y la parroquia de San Andrés, donde reposaba el cuerpo de Jerónimo Simón, se llenó de una muchedumbre que procuraba tocarlo o hacerse con alguna reliquia suya. La inicial unanimidad en torno a su santidad fue efímera por dos circunstancias: su anónima existencia, ya que ni predicó ni dejó obra escrita, y su pertenencia al clero secular ya que las órdenes mendicantes empezaron a temer por una pérdida de influencia espiritual y una mengua de limosnas. Se produjo así una escisión radical y violenta en la sociedad valenciana donde se alinearon, de un lado, la parroquia de San Andrés, que vio en Simón una excepcional fuente de ingresos, y el clero secular representado por el cabildo de la catedral, al que se le presentaba un santo que contraponer a los de las órdenes mendicantes y, del otro, los frailes, especialmente los dominicos. Tras los cuatro días que permaneció expuesto el cuerpo de Simón en San Andrés se celebraron exequias en su honor en todos los edificios religiosos de la ciudad. La vertiginosa devoción a Simón traspasó los límites de la ciudad, y las imágenes de Simón, fuera cual fuese su soporte material, inundaron Valencia. Hubo por ello dificultades de los pintores para satisfacer la creciente demanda de retratos suyos y se cifraban en más de mil los altares con su imagen pintada que adornaban entonces las calles de la ciudad y en millones los grabados estampados en Valencia, Roma, Francia y Flandes.
Sin embargo, el panorama pronto se ensombreció por la actuación del arzobipo Aliaga quien, respaldado por la Inquisición, fue socavando la credibilidad de los simonistas en Roma y Madrid. En 1615 la corte dictaba finalmente medidas tendentes a reformar el culto a Simón, como no oficiar misa ante su altar o prohibir las imágenes en que aparecía con rasgos de santidad, acentuados por la promoción del hermano de Aliaga al arzobispado de Toledo y la caída del Duque de Lerma, principal valedor de Simón en la corte. En el año 1619 las representaciones del padre Simón fueron finalmente prohibidas por la Inquisición. No obstante, uno de los encargos más importantes que recayeron en Ribalta fue la pintura del retablo para la capilla de la propia iglesia de San Andrés donde el padre Simón fue enterrado, que es el lienzo de la Visión del padre Francisco Jerónimo Simón, firmado y fechado en 1612 y conservado actualmente en la National Gallery de Londres.